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No hagas cosas buenas...

La productividad

ENRIQUE IRAZOQUI MORALES

Por fortuna y entre comillas, Donald Trump volvió a dar una extensión en la aplicación de aranceles a todas las exportaciones mexicanas hacia su país. El rubio, septuagenario (casi octogenario -tiene 78 años-) presidente norteamericano concedió dar 26 días más de gracia a su violatoria decisión de imponer gravámenes a los productos mexicanos luego de sendas amenazas (ya cumplida una durante los 3 pasados días) de prácticamente asfixiar el comercio internacional mexicano, que destina más del 80% de sus exportaciones al vecino próximo del norte. El impacto de una medida como con la que suele amenazarnos Trump afecta cuatro quintas partes del 33% de la economía nacional, poco más del 26% de la misma. De ese tamaño es la dependencia que se tiene del mercado en general de los Estados Unidos.

A estas alturas, bien vale la pena hacer algunas anotaciones para intentar contribuir a una visión más completa de lo que significa los amagues con los que le gusta intimidar al flamante inquilino -aunque ya estuvo allí de 2017 al 2021 en su primer periodo-

Destacado claro ha sido la conducción que la presidenta de México, doctora Claudia Sheinbaum Pardo. Consciente y prudente ante la andana de su homólogo estadounidense, que parece que gusta tomar decisiones de contentillo importándole en absoluto las consecuencias que esto repercuta en la vida de millones de seres humanos que pueden resultar afectados por algún dislate en los que suele incurrir el señor del copete rubio, la mandataria mexicana ha sabido capotear el vendaval lo mejor que ha podido.

Sin embargo, la cargada que estamos recibiendo de manera absolutamente ilegal por parte de nuestro socio más importante, tiene que volver a hacernos reflexionar como mexicanos el rumbo que ha tomado la economía.

Lo primero que hay recordar, es que el destino de la nación mexicana está en manos del expresidente Andrés Manuel López Obrador, lo cual significa que las políticas económicas que se han implementado en este país a partir del primero de diciembre de 2018, cuando el propio Andrés Manuel fue embestido con la banda presidencial, son su voluntad. La doctora Sheinbaum, evidentemente más preparada académicamente, no se ha podido desvincular de su antecesor aunque ha dado algunos pequeños visos, como la estrategia de seguridad que es por fortuna diferente a aquella de "abrazos y no balazos".

El poder político que López Obrador comenzó a amasar fue inconmensurable debido, ciertamente, a que su gobierno enfocó mucha de sus baterías a escuchar a los que por décadas habían sido ignorados: las clases populares mexicanas. La pobreza que ha sido un mal endémico en Latinoamérica y que México no ha sido la excepción, golpeó y sigue haciéndolo a grandes capas de la población.

Por supuesto que la prevalencia de la pobreza masificada tiene muchas razones, y una de ellas claro está, ha sido el abuso de minorías rapaces que al amparo del poder y que convertidas en camarillas, se han enriquecido desmedidamente a costa de abusar de la mayoría. Tanta razón tiene en ello AMLO que su gobierno se apartó - en apariencia, porque los magnates que existían antes del inicio de su gobierno siguen siendo los mismos 7 años después- que supo de alguna manera contenerlo y que realmente repartió en parte mejor el presupuesto, logrando sacar de la pobreza a 8.8 millones de mexicanos, cifra muy significativa. El problema es que permanecen en esa circunstancia más de 47 millones de compatriotas pobres, y no se puede sacar a todos a través de los programas asistenciales, que en muchos de los casos se convierten en viles dádivas con etiqueta electorera.

Pero más allá de intentar hacer un análisis del sexenio anterior y la injerencia en el actual, lo paradójico fue que Carlos Salinas de Gortari, el odiado villano de AMLO, insertó a México en las grandes ligas del comercio internacional. Salinas signó el primer tratado de libre comercio con los propios Estados Unidos y Canadá hace más de 30 años, y hoy una importante parte de la economía, la que está ahora bajo amenaza de Trump, floreció desde aquel tratado.

El problema de fondo en México es la falta de competitividad en los demás campos del engranaje económico nacional, el que no está dentro de la industria exportadora. Ésta en términos prácticos no está en el programa de la Cuarta Transformación (aunque una vez más, la doctora Sheinbaum sí la ha mencionado en sus discursos, falta que pase a los hechos) por ello ahora tenemos que rogarle a un extranjero abusón que no nos acribille.

Habrá que salir al paso de esta segunda presidencia de Donald Trump como se pueda, pero mientras el gobierno de México no rectifique en términos de productividad, seguirá condenándonos a esta desigualdad, que aunque por justicia aminorada, no cambiará si se siguen aferrando a los muchos anacronismo que postula la 4T.

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Escrito en: columnas Editorial

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